¿Y cómo deberíamos prepararnos los cristianos?
Primero habrá que decir que el adviento nos mueve entre el recuerdo del acontecimiento histórico de Belén, la venida histórica de Jesús en aquel humilde pesebre rodeado de sus padres, los pastores, los ángeles, los magos y los animales del establo. Y la segunda y definitiva venida de Jesús al final de la historia. Y mientras esa venida definitiva se realiza, nosotros nos preparamos.
Respondiendo a la pregunta planeada, tomamos el texto de la oración colecta de la liturgia del primer domingo de adviento, ella decía: Despierta el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia… (ed. mexicana del misal romano). La preparación efectiva para cada adviento es reconocer a Jesús que viene continuamente en nuestros hermanos, especialmente en los que sufren, en los pequeños y necesitados.
La preparación en el adviento es una actitud concreta en favor de aquellos que como Jesús viven en la carestía de lo indispensable para tener una vida digna.
Los que viven bajo puentes, los que comen de lo que encuentran en los basureros, los que duermen en la calle, sobre todo en estos días de frescura, los que a causa de nuestra inconciencia sufren por sus enfermedades y no hay quien les atienda. Ellos y muchos otros son el rostro frágil de Jesús, que viene no para merecer nuestra compasión, sino para ejercer nuestra verdadera identidad cristiana. Al igual que Jesús.
El adviento no es sólo con las luces, los nacimientos, los regalos, las tarjetas, y esas cosas coloridas, sino y sobre todo nuestro compromiso por los más desfavorecidos.