A la luz del evangelio de el 12° domingo del tiempo ordinario, podemos descubrir cómo deben ser los discípulos de Jesús.
1. El discípulo se niega a sí mismo. Es decir, renuncia a su proyecto egoista y asume el proyecto de Jesús, que siempre tiende al hermano. Es el proyecto de Jesús, es el proyecto liberador y plenificador del ser humano, por eso adherirnos a él no es olvidarnos de nosotros mismos.
2. El discípulo toma su cruz cada día. La cruz es la identidad primera del verdadero discípulo. Tomar la cruz es estar dispuesto a la oposición, a la persecución y la marginación. Es vivir la vida en el martirio diario. Morir a los poderes, placeres y riquezas de este mundo que en definittiva son la ruina del ser humano. Tomar la cruz es estar expuesto a contratiempos y dificultades, a vivir la maxima inseguridad, a no tener nada, a no contar con nada, ni bienes, ni estima, es estar expuesto como Jesús a perder la propia vida, por no ceder a los valores del "mundo".
3. El discípulo sigue siempre a Jesús. Esto es continuar su palabra y su acción. Ser como él, vivir como él. Es ser prolongación de Cristo en la historia.
La tarea es decidirse por Jesús o vivir contra su proyecto de salvación, liberación y plenificación de la humanidad y la historia.